Hume pertenece al empirismo
inglés (siglo XVIII). Estos principios
empiristas llegan a Hume, en último término, al fenomenismo y a un escepticismo
moderado, afirmando que los grandes
conceptos sobre los que se ha edificado toda la filosofía tradicional no son
más que ficciones de nuestra imaginación alejadas de la realidad. Renuncia a
una filosofía abstracta y metafísica que
trata sobre las “esencias, substancias, principios y causas necesarias”, y defiende que «sí la filosofía pretende ser
una ciencia ha de ajustarse al único criterio de verdad científico, la
experiencia y la observación».
Conocimiento
El
objetivo fundamental de Hume es conocer las capacidades del conocimiento humano, su naturaleza, su alcance y su
validez. Esta investigación la llevará a cabo partiendo de la negación de la existencia de ideas innatas y de la afirmación de que
todo conocimiento procede de la
experiencia.
De
esta manera, los contenidos de la mente son percepciones, que se dividen en impresiones, (o datos inmediatos de la experiencia) e ideas, (copias debilitadas de las
primeras). Existen a su vez, impresiones de sensación y de reflexión, es decir, conocimiento derivado de la
experiencia tanto interna como externa e ideas simples o complejas; estas últimas son el resultado de la unión de ideas
simples mediante la memoria o la
imaginación. Las ideas de la memoria son más intensas y mantienen la forma y el orden de
las impresiones originales, mientras que las de la imaginación, alteran la
figura y la secuencia, según tres leyes de asociación, la semejanza, la
contigüidad y la causalidad.
Hume
distingue por otro lado dos tipos diferentes de conocimiento. Por un lado las relaciones de ideas (necesarias,
analíticas, su verdad es independiente de la experiencia) y cuestiones de hecho (contingentes,
sintéticas, cuya veracidad puede ser refutada por la experiencia).
En
consecuencia con lo explicado anteriormente, Hume establecerá que una idea será
verdadera si procede de alguna impresión; si no es así, será una ficción. Este
criterio reduce al conocimiento a impresiones e ideas.
Hume dio un paso revolucionario al rechazar la idea de causalidad argumentando que tal idea no se deriva de
ninguna impresión. Nunca podemos descubrir en la relación causa-efecto una
conexión necesaria entre los hechos, sino simplemente que un hecho se sigue de
otro (sucesión constante). La
conexión necesaria implicaría que esa relación se fuera a dar en un futuro
siempre, pero eso no podemos garantizarlo, solo tenemos la creencia de que ocurrirá así. La costumbre o hábito da
lugar a la creencia, que nunca
proporciona certeza.
Metafísica
Una vez establecido el criterio del
conocimiento, Hume va a aplicar su exigencia de referir las ideas a impresiones
con la intención de saber si las sustancias del racionalismo son verdaderas.
Hume se opone
al concepto de sustancia, ya que
no tenemos ninguna impresión de ella, tan sólo de de las cualidades de los
objetos. La sustancia es tan sólo una colección de ideas simples unidas por la
imaginación. Por lo tanto respecto al mundo
corpóreo solo tenemos impresiones. Aquí se muestra el escepticismo moderado
de Hume, si lo único que conocemos son nuestras percepciones y no las cosas
directamente, no hay nada que nos asegure la existencia real de dichas cosas.
Pero el hombre no podría vivir en un escepticismo absoluto por lo que la propia
viveza de las impresiones es suficiente para fundar la creencia en la existencia
del mundo.
Lo mismo ocurre con la idea del yo, ANTROPOLOGÍA, no tenemos según Hume, impresión alguna
de dicha idea. El yo solo es un referente de las distintas impresiones, solo le
reconocemos a través de sus distintas y sucesivas ideas e impresiones en
continuo flujo y movimiento, no al margen de éstas. Por lo que no existe un yo
en cuanto tal; es sólo una creencia, la memoria recuerda las percepciones
particulares como continuas y las identifica con el yo.
En cuanto a la existencia de DIOS, Hume defiende que no se puede
justificar racionalmente, no se puede saltar de nuestras impresiones sensibles
a la idea de Dios. Al no tener impresión alguna de Dios, no tenemos
experiencia de los atributos ni de las operaciones divinas. Dios se sitúa más
allá de nuestra experiencia posible, por esta razón no podemos afirmar con
certeza, no con una evidencia empírica, la existencia de Dios.
El rechazo de las pruebas de la existencia de
Dios no significa que Hume fuera partidario del ateísmo. Al contrario, era de
la opinión de que el escepticismo era el primer paso para ser un creyente
sincero. Según Hume, el hombre recurre a la religión debido al temor y a la
angustia que le produce no poder controlar los acontecimientos naturales.
Las
investigaciones de Hume se centran, no sólo en el estudio del entendimiento,
sino también en el de la moral.
Ética
En
consonancia con su escepticismo moderado, Hume rechaza los intentos
tradicionales de basar la ética en la razón. La razón no es, ni puede ser el fundamento de nuestros juicios morales,
puesto que es esclava de las pasiones. Además, los racionalistas comenten un
gran error al pasar de las afirmaciones sobre el “ser” a las afirmaciones sobre
el “deber ser”; error que se conoce como falacia naturalista.
Los principios morales, afirma, proceden de
las observaciones y de los hechos. La razón no aprueba o reprueba una acción: ésto
depende de los sentimientos o de las emociones; por eso la postura de Hume se
denomina emotivismo moral. La contemplación
de una acción virtuosa nos lleva al sentimiento de aprobación, y la de una
acción viciosa, al sentimiento de rechazo. Es el sentimiento por tanto, el que
produce la creencia. La creencia consiste en un cierto sentimiento por lo que
la moral tiene fundamentación instintiva, no racional.
Este
sentimiento o capacidad de simpatizar con la felicidad o desgracia ajenas es común a toda la humanidad y explica que
las personas estén de acuerdo en juzgar las acciones. Pero tal acuerdo solo se
dará si quien aprueba o censura, es un observador que se aleja de sus intereses
particulares y tiene en cuenta la utilidad social de la acción. Esto nos lleva
a tratar las ideas políticas de Hume.
Política

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