lunes, 4 de enero de 2016

Empirismo II: Hume

David Hume

Hume pertenece al  empirismo inglés  (siglo XVIII). Estos principios empiristas llegan a Hume, en último término, al fenomenismo y a un escepticismo moderado, afirmando que  los grandes conceptos sobre los que se ha edificado toda la filosofía tradicional no son más que ficciones de nuestra imaginación alejadas de la realidad. Renuncia a una filosofía abstracta  y metafísica que trata sobre las “esencias, substancias, principios y causas necesarias”,  y defiende que «sí la filosofía pretende ser una ciencia ha de ajustarse al único criterio de verdad científico, la experiencia y la observación».

Conocimiento

El objetivo fundamental de Hume es conocer las capacidades del conocimiento humano, su naturaleza, su alcance y su validez. Esta investigación la llevará a cabo partiendo de la negación de la existencia de ideas innatas y de la afirmación de que todo conocimiento procede de la experiencia.
De esta manera, los contenidos de la mente son percepciones, que se dividen en impresiones, (o datos inmediatos de la experiencia) e ideas, (copias debilitadas de las primeras). Existen a su vez, impresiones de sensación y de reflexión, es decir, conocimiento derivado de la experiencia tanto interna como externa e ideas simples o complejas; estas últimas son el resultado de la unión de ideas simples  mediante la memoria o la imaginación. Las ideas de la memoria son más  intensas y mantienen la forma y el orden de las impresiones originales, mientras que las de la imaginación, alteran la figura y la secuencia, según tres leyes de asociación, la semejanza, la contigüidad y la causalidad.

Hume distingue por otro lado dos tipos diferentes de conocimiento. Por un lado las relaciones de ideas (necesarias, analíticas, su verdad es independiente de la experiencia) y cuestiones de hecho (contingentes, sintéticas, cuya veracidad puede ser refutada por la experiencia).
En consecuencia con lo explicado anteriormente, Hume establecerá que una idea será verdadera si procede de alguna impresión; si no es así, será una ficción. Este criterio reduce al conocimiento a impresiones e ideas.

Hume dio un paso revolucionario al rechazar la idea de causalidad argumentando que tal idea no se deriva de ninguna impresión. Nunca podemos descubrir en la relación causa-efecto una conexión necesaria entre los hechos, sino simplemente que un hecho se sigue de otro (sucesión constante). La conexión necesaria implicaría que esa relación se fuera a dar en un futuro siempre, pero eso no podemos garantizarlo, solo tenemos la creencia de que ocurrirá así. La costumbre o hábito da lugar a la creencia, que nunca proporciona certeza.

Metafísica

Una vez establecido el criterio del conocimiento, Hume va a aplicar su exigencia de referir las ideas a impresiones con la intención de saber si las sustancias del racionalismo son verdaderas.
Hume se opone al concepto de sustancia, ya que no tenemos ninguna impresión de ella, tan sólo de de las cualidades de los objetos. La sustancia es tan sólo una colección de ideas simples unidas por la imaginación. Por lo tanto respecto al mundo corpóreo solo tenemos impresiones. Aquí se muestra el escepticismo moderado de Hume, si lo único que conocemos son nuestras percepciones y no las cosas directamente, no hay nada que nos asegure la existencia real de dichas cosas. Pero el hombre no podría vivir en un escepticismo absoluto por lo que la propia viveza de las impresiones es suficiente para fundar la creencia en la existencia del mundo.

Lo mismo ocurre con la idea del yo, ANTROPOLOGÍA, no tenemos según Hume, impresión alguna de dicha idea. El yo solo es un referente de las distintas impresiones, solo le reconocemos a través de sus distintas y sucesivas ideas e impresiones en continuo flujo y movimiento, no al margen de éstas. Por lo que no existe un yo en cuanto tal; es sólo una creencia, la memoria recuerda las percepciones particulares como continuas y las identifica con el yo.

En cuanto a la existencia de DIOS, Hume defiende que no se puede justificar racionalmente, no se puede saltar de nuestras impresiones sensibles a la idea de Dios. Al no tener impresión alguna de Dios, no tenemos experiencia de los atributos ni de las operaciones divinas. Dios se sitúa más allá de nuestra experiencia posible, por esta razón no podemos afirmar con certeza, no con una evidencia empírica, la existencia de Dios.

El rechazo de las pruebas de la existencia de Dios no significa que Hume fuera partidario del ateísmo. Al contrario, era de la opinión de que el escepticismo era el primer paso para ser un creyente sincero. Según Hume, el hombre recurre a la religión debido al temor y a la angustia que le produce no poder controlar los acontecimientos naturales.

Las investigaciones de Hume se centran, no sólo en el estudio del entendimiento, sino también en el de la moral.

Ética

En consonancia con su escepticismo moderado, Hume rechaza los intentos tradicionales de basar la ética en la razón. La razón no es, ni puede ser el fundamento de nuestros juicios morales, puesto que es esclava de las pasiones. Además, los racionalistas comenten un gran error al pasar de las afirmaciones sobre el “ser” a las afirmaciones sobre el “deber ser”; error que se conoce como falacia naturalista.

 Los principios morales, afirma, proceden de las observaciones y de los hechos. La razón no aprueba o reprueba una acción: ésto depende de los sentimientos o de las emociones; por eso la postura de Hume se denomina emotivismo moral. La contemplación de una acción virtuosa nos lleva al sentimiento de aprobación, y la de una acción viciosa, al sentimiento de rechazo. Es el sentimiento por tanto, el que produce la creencia. La creencia consiste en un cierto sentimiento por lo que la moral tiene fundamentación instintiva, no racional.

Este sentimiento o capacidad de simpatizar con la felicidad o desgracia ajenas es común a toda la humanidad y explica que las personas estén de acuerdo en juzgar las acciones. Pero tal acuerdo solo se dará si quien aprueba o censura, es un observador que se aleja de sus intereses particulares y tiene en cuenta la utilidad social de la acción. Esto nos lleva a tratar las ideas políticas de Hume.

Política


Para los seres humanos, vivir en comunidad es más provechoso que la libertad y la independencia individuales. Esa misma utilidad rige en la aceptación de un gobierno para dirigir la sociedad, pues los individuos saben que aumenta la seguridad. El gobierno vigila para que los individuos no antepongan los intereses individuales al interés general. Las reglas de la justicia son así convenciones útiles.

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